sus ojos estaban secos.
Su vestido estaba impecable.
Su cabello seguía perfectamente arreglado.
—Fue Marisol —dijo ella—. Intentó llevarse a Sofía.
Arturo se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Quería dinero. Me pidió una cantidad enorme. Cuando me negué, agarró a la niña y salió corriendo con ella.
Arturo miró lentamente hacia Marisol.
La mujer levantó la cabeza.
No gritó.
No protestó.
Ni siquiera intentó defenderse.
Solo lo miró con unos ojos llenos de desesperación.
Uno de los policías se acercó.
—Señor Salgado, recibimos una llamada de su prometida. Según su declaración, la