Dos días antes de casarse, encontró a su empleada esposada… pero el gesto de su hija lo cambió todo

Era la clase de persona que pedía permiso incluso para llevarse un pedazo de pastel sobrante.

Y ahora le estaban diciendo que había intentado secuestrar a su hija.

—Marisol —dijo Arturo—. Mírame.

Ella lo hizo.

—¿Es verdad?

Marisol abrió la boca.

Nada salió.

Después negó lentamente con la cabeza.

Un sollozo le sacudió el pecho.

—No dejes que te engañe —interrumpió Valeria—. La policía la encontró con Sofía. Yo misma localicé a la niña gracias al reloj que llevaba.

Arturo volvió a mirar a su hija.

Sofía no había dicho