casi nada desde que él llegó.
Entonces los policías comenzaron a sacar a Marisol del departamento.
Y ocurrió algo que Arturo no olvidaría jamás.
Sofía apartó la manta.
Estiró una mano.
No hacia su padre.
No hacia Valeria.
Hacia Marisol.
—Mimi…
Marisol giró la cabeza.
—Mimi, quédate.
Los policías continuaron avanzando.
La puerta se cerró.
Arturo se quedó mirando las huellas de barro que Marisol había dejado sobre el piso claro de la sala.
Algo dentro de él comenzó a decirle que aquella historia estaba mal.
Muy mal.
Llevó a