de unas cosas pendientes.
La misma palabra.
Pendientes.
Lucía miró la pantalla de la computadora, donde seguía abierto el mensaje: “cuando vuelva, ya no habrá que pedir nada”.
—¿Qué cosas? —preguntó.
Álvaro soltó una risa breve.
—No empieces con interrogatorios por teléfono. Mañana te explico.
Antes, Lucía habría insistido.
Habría preguntado por Paula.
Habría exigido saber dónde estaba.
Habría intentado atraparlo en una mentira.
Esta vez no.
—Está bien —dijo.
Álvaro pareció desconcertado.
—¿Está bien?
—Sí. Mañana hablamos.
Ella terminó la llamada.
Marcos no dijo nada durante unos segundos.
—No