piensas involucrarla en algo.
Él soltó una risa seca.
—Te estás poniendo paranoica otra vez.
Otra vez.
Como si hubiera una larga historia de sospechas irracionales.
Como si los 38.000 euros no hubieran existido.
Como si la memoria USB no existiera.
Como si su firma no estuviera copiada en un poder que ella jamás había firmado.
Lucía sostuvo su mirada.
—Entonces dime que no has usado mi casa como garantía de ninguna deuda.
Álvaro dejó el teléfono sobre la mesa.
—¿De dónde sacaste eso?
No respondió.
Él dio un