si ella sabía algo.
Estaba intentando medir cuánto sabía y de dónde había salido la información.
—Nadie tiene que hablarme para que yo conozca mi propia firma —respondió.
Álvaro quedó inmóvil.
Lucía vio cómo sus ojos bajaban un instante hacia la maleta.
Hacia el termo.
Fue suficiente.
—Abriste mis cosas —dijo.
No sonó sorprendido.
Sonó molesto.
Lucía no respondió.
Álvaro caminó hasta la maleta, abrió el cierre lateral y sacó el termo.
Lo destapó.
Revisó el contenido.
Los billetes seguían ahí.
Las llaves también.
La tarjeta magnética también.
Y la