cómo guardaba los tres objetos en el bolsillo de su chamarra.
Por primera vez entendió que podían ser más importantes de lo que había supuesto.
—¿Qué abren esas llaves?
Álvaro sonrió sin humor.
—Si copiaste todo, deberías saberlo.
Se dirigió a la puerta.
Lucía no intentó detenerlo.
—Álvaro.
Él se volvió.
—La casa era de mi abuela antes de ser parte de nuestra vida. Nunca fue una ficha para tus operaciones.
Álvaro abrió la puerta.
—Vas a arrepentirte de haber metido a otras personas en esto.
Lucía no respondió.
Él