dejó de hablar como marido ofendido y empezó a hablar como alguien que calculaba consecuencias.
—¿Le diste los archivos?
—Le di lo que necesitaba.
—Lucía, escucha. Si haces esto de forma equivocada, puedes hundirnos a los dos.
—Yo no hice esas operaciones.
—Tu nombre aparece.
—Precisamente.
Álvaro respiró hondo.
—Podemos arreglarlo.
—¿Cómo?
—Retiramos la garantía cuando se cierre la operación. Yo arreglo lo demás. Tú no necesitas involucrarte.
La propuesta llegó demasiado tarde.
Durante meses, Álvaro había contado con que Lucía no supiera nada.
Ahora que sabía, quería convertir el