que dejó de ser terreno compartido.
Álvaro intentó, más de una vez, hablar de “todo lo que habían construido juntos”.
Lucía siempre pensaba lo mismo al escucharlo.
La casa no la habían construido juntos.
Se la había dejado su abuela.
Y quizá por eso le dolía tanto que Álvaro hubiera creído que podía convertirla en una herramienta financiera sin pedir permiso.
Un sábado, mucho tiempo después de encontrar la memoria, Lucía abrió el gabinete de la cocina buscando un recipiente para llevar agua.
Al fondo había un termo viejo que