casi nunca usaba.
Se quedó mirándolo unos segundos.
El objeto le recordó aquel otro termo en la maleta de Álvaro: los 38.000 euros, las llaves, la tarjeta y la memoria USB escondida bajo los billetes.
Durante meses no quiso volver a usar uno.
Después cambió de opinión.
Lavó el termo viejo, lo llenó de café y cerró la tapa.
No escondió nada adentro.
Lo dejó sobre la mesa junto a las llaves de su casa.
Esta vez, las llaves sí eran suyas.
Durante los días siguientes, la historia dejó