años de matrimonio.
Dijo que estaba exagerando.
Dijo que otras parejas resolvían problemas peores.
Dijo que Paula no significaba lo que Lucía creía.
Pero Lucía ya no discutió sobre Paula.
—No puedo compartir una casa con alguien que usó mi nombre sin preguntarme —le dijo.
Esa fue la frontera real.
No la infidelidad.
No el perfume.
No los viajes.
La firma.
Con el paso de las semanas, la revisión del material permitió separar varias líneas que al principio parecían una sola.
La relación con Paula era real y llevaba casi