no quiso volver a usar uno.
Después cambió de opinión.
Lavó el termo viejo, lo llenó de café y cerró la tapa.
No escondió nada adentro.
Lo dejó sobre la mesa junto a las llaves de su casa.
Esta vez, las llaves sí eran suyas.
no quiso volver a usar uno.
Después cambió de opinión.
Lavó el termo viejo, lo llenó de café y cerró la tapa.
No escondió nada adentro.
Lo dejó sobre la mesa junto a las llaves de su casa.
Esta vez, las llaves sí eran suyas.