su abuela.
Y quizá por eso le dolía tanto que Álvaro hubiera creído que podía convertirla en una herramienta financiera sin pedir permiso.
Un sábado, mucho tiempo después de encontrar la memoria, Lucía abrió el gabinete de la cocina buscando un recipiente para llevar agua.
Al fondo había un termo viejo que casi nunca usaba.
Se quedó mirándolo unos segundos.
El objeto le recordó aquel otro termo en la maleta de Álvaro: los 38.000 euros, las llaves, la tarjeta y la memoria USB escondida bajo los billetes.
Durante meses