Mi mejor amiga me envió “por accidente” una foto abrazando a mi esposo. En lugar de reclamarles, la publiqué para felicitarlos… y a la mañana siguiente tenía 180 llamadas perdidas.

Sophie recibió la misma notificación.

Al salir al pasillo, mi esposo me agarró del brazo.

—¿Estás satisfecha?

Me solté.

—Todavía no.

—¡Acabas de poner nuestras carreras en peligro!

—Tú solicitaste mi despido antes de que publicara la fotografía.

Se quedó inmóvil.

Su expresión me confirmó que no esperaba que yo lo supiera.

—¿De dónde sacaste eso?

—¿Importa?

—Emily, escúchame…

—No me toques.

Dos compañeros que pasaban por el pasillo se detuvieron.

Daniel retiró la mano.

Entonces bajó la voz.

Era el mismo tono que utilizaba cuando quería convencerme de que