personales.
El acuerdo de divorcio finalmente quedó firmado.
Cuando recibí la copia definitiva, la guardé en un cajón.
No abrí champaña.
No hice una fiesta.
Salí a caminar por un parque cercano y compré un helado.
Era un martes cualquiera.
El sol brillaba.
Un perro corría detrás de una pelota.
Y por primera vez en años, no tenía que avisarle a nadie dónde estaba ni justificar por qué había decidido salir.
Aquella libertad tan sencilla me pareció extraordinaria.
Capítulo 14. El sorteo
Todavía me quedaba una promesa por cumplir.
La