Mi mejor amiga me envió “por accidente” una foto abrazando a mi esposo. En lugar de reclamarles, la publiqué para felicitarlos… y a la mañana siguiente tenía 180 llamadas perdidas.

personales.

El acuerdo de divorcio finalmente quedó firmado.

Cuando recibí la copia definitiva, la guardé en un cajón.

No abrí champaña.

No hice una fiesta.

Salí a caminar por un parque cercano y compré un helado.

Era un martes cualquiera.

El sol brillaba.

Un perro corría detrás de una pelota.

Y por primera vez en años, no tenía que avisarle a nadie dónde estaba ni justificar por qué había decidido salir.

Aquella libertad tan sencilla me pareció extraordinaria.

Capítulo 14. El sorteo

Todavía me quedaba una promesa por cumplir.

La