que pudiera protegerme, estiró los brazos y estampó ambas palmas con violencia brutal contra mis hombros.
El golpe me tomó por sorpresa. Mi tacón resbaló en el filo mojado del cordón de concreto y caí de espaldas directamente sobre el asfalto del carril de circulación.
El chirrido desgarrador de los neumáticos de carga frenando de emergencia perforó mis oídos. Escuché los gritos aterrorizados de varios transeúntes. Levanté la vista y solo vi la enorme parrilla cromada del camión precipitándose sobre mí sin tiempo para esquivarla.
Luego sobrevino el impacto y