y Marco. Ahora.
Me reí.
No porque fuera gracioso.
Porque era lo único que podía hacer para no llorar.
—Kiara destrozó el cabello de mi madre. Marco nos agredió. ¿Y yo debo disculparme?
Adrian me tomó del brazo.
—Solo hazlo. No hagas enojar más a mi padre.
—Yo no soy quien está equivocada.
—Lia.
—No voy a arrodillarme.
Su mandíbula se tensó.
Y entonces el hombre con quien pensaba casarme hizo algo que jamás imaginé.
Me sujetó por ambos hombros.
Y me obligó a bajar.
—¡Adrian!
Mamá empezó a llorar.
—¡