sin educación y exigió que me arrodillara.
Su rostro cambió.
—Yo no dije…
—Su esposa lo dijo. Usted exigió la disculpa.
Silencio.
—Ahora conoce mi posición profesional y de pronto quiere hablar de reconciliación.
—No tiene nada que ver con eso.
—Entonces debería haberme respetado cuando pensaba que no tenía nada que ofrecerle.
No pudo contestar.
Celeste tardó más en contactarme.
Cuando finalmente lo hizo, no habló de negocios.
Pidió disculpas.
Pero dijo una frase que nunca olvidé:
—Pensé que eras demasiado sensible.
—¿Y ahora?
—Ahora vi el video.
—El