extremo de su cabello, que también le llegaba hasta la cintura.
Un corte.
Un grueso mechón cayó al suelo.
—¡AAAAH!
Kiara se agarró el cabello.
—¡¿Estás loca?!
Intentó abofetearme.
Le sujeté la muñeca.
—Destruiste el cabello de mi madre. Yo corté el tuyo. Ahora estamos a mano.
—¡LIA!
Adrian estaba furioso.
—¡¿Qué hiciste?! ¡Ella será dama de honor!
Lo miré.
—Entonces sí entiendes que puede ser humillante cuando alguien te corta el cabello sin tu consentimiento.
Se quedó rígido.
—¿Cuando se trata de Kiara sí importa?
Señalé a mamá.
—¿Pero