—Apuestas deportivas.
Llevaba apostando desde la primavera; exactamente la misma temporada en que vimos el primer ultrasonido de Nora y en que yo comencé a doblar turnos hospitalarios para asegurar los ahorros del parto. Ante la incapacidad de cubrir la cuota mensual de su vicio, decidió despojarme de mi ropa para obtener liquidez rápida.
—¿Por qué no vendiste tus palos de golf o tu consola de videojuegos? —le recriminó su padre con desprecio.
—Porque no quería desprenderme de ellos —admitió él con la cabeza baja.
Aquella respuesta selló mi determinación: