sacrificios. Manuel había sido ebanista; Carmen, modista. Cada puerta, cada armario y hasta la mesa del comedor llevaba algo de sus manos.
Pero una llamada a las 00:18 cambió todo.
Carmen habló apenas 40 segundos. Dijo que estaba bien, que Manuel dormía, que no necesitaban nada. Entonces, al fondo, una voz de mujer cortó la conversación:
—Ya te dije que por la noche ese móvil se guarda.
Nicolás reconoció a Nuria, la esposa de su hermano Javier.
Antes de colgar, Carmen susurró:
—No vengas, hijo.
Nicolás tomó el primer