quedó 1 semana más en Valencia.
No para supervisar.
Para escuchar.
3 meses después, Javier apareció en la puerta del chalet.
No pidió volver a vivir allí.
No pidió que retiraran ninguna denuncia.
Llevaba una mesita de madera restaurada, una pieza vieja del taller que Manuel había dado por perdida.
—La he arreglado —dijo.
Manuel pasó la mano por la superficie.
Javier tragó saliva.
—No espero que me perdones hoy.
Su padre tardó mucho en responder.
—Puedo seguir queriéndote y no permitir que vuelvas a hacerme daño.
Javier asintió.
No