necesitaron un hijo millonario que los mantuviera.
Necesitaban hijos capaces de mirar cómo estaban viviendo antes de que el silencio se convirtiera en costumbre.
Y desde aquel día, Manuel y Carmen volvieron a sentarse donde querían, abrir sus propias puertas y gastar su propio dinero sin pedir permiso a nadie.
Porque una familia puede sobrevivir a las deudas, a los errores y hasta a una traición.
Lo que no puede permitirse perder sin pagar un precio enorme es el respeto.