la obsesión enfermiza de mi madre con la solvencia material, es necesario conocer la historia de mi padre, Daniel.
Papá fue un artesano humilde que reparaba muebles antiguos, pintaba fachadas y aceptaba cualquier oficio digno para sacarnos adelante. Había meses desahogados y otros dolorosamente precarios, pero jamás dudé del inmenso amor que sentía por nosotras.
Cuando cumplí doce años, una ejecución hipotecaria nos arrebató la casa donde di mis primeros pasos. Todavía recuerdo el camión de mudanzas estacionado frente a la verja, las habitaciones vacías con eco y el olor