muchachos!
Martin comenzó a pasearse detrás de nuestros asientos:
—Chloe descubrió que el mundo de las filmaciones audiovisuales no está del todo desprovisto de complejidades logísticas.
—Tu generosidad verbal me abruma —acoté con ironía.
—Y Ethan —continuó Martin, clavando la vista en mi hijo— aprendió al fin la crudeza del esfuerzo manual verdadero, el que curte el carácter.
—Desde luego aprendí a remover residuos de frenos de trescientas minivans familiares con ácido diluido —respondió Ethan con impecable compostura.
Martin sonrió y le extendió a Chloe un sobre que contenía un