la complicidad de mi madre fue una de las pruebas de autocontrol más difíciles de mi vida.
Martin continuó pavoneándose:
—Esa es la diferencia medular entre nuestras doctrinas, Francis. Yo educo para la realidad; tú repartes dinero discrecional consintiendo caprichos, haciendo creer que cualquier esfuerzo amerita una compensación financiera.
Chloe lo interrumpió de golpe:
—Un momento, papá. Mi tío Francis no me regaló nada. Me pagó un salario profesional por hora trabajada.
La sonrisa de Martin se evaporó:
—¿Qué estás diciendo?
—Que me pagó. Cada viernes, sin falta. Mediante depósito