servidores de Google, hermano.
—¡Tú lo redactaste! ¡Tiene ese tono pretencioso de tus documentales baratos!
—Te aseguro que me enteré de su existencia cuando tu propia hija me telefoneó llorando de la risa.
—¿Chloe te llamó? ¿Por qué demonios mi propia sangre celebra mi ruina pública?
—Quizá sea una manifestación colateral de la «experiencia formativa», Martin.
—¡Me destrozó la reputación digital! ¡Mi calificación bajó una estrella completa en cuatro horas!
—¿Existe alguna inexactitud fáctica en el texto publicado? —inquirí con frialdad.
—¡Eso no viene al caso!
—Es lo único que