estaba en la cocina cortando jitomate cuando escuché un portazo y luego su voz, irreconocible, subiendo por las escaleras.
—¡Patricia! ¡Baja ahora mismo!
Subió ella, hermosa y altiva, hasta que vio los documentos en manos de mi hijo. Entonces se quedó blanca.
Él traía una copia completa del fideicomiso que Fernando había hecho llegar a la casa esa misma semana, en sobre confidencial, dirigido a mí. Patricia había intentado interceptarlo, pero Marcos, por primera vez en mucho tiempo, había abierto algo sin consultarle.
—¿Qué es esto? —gritó—. ¿Qué significa que