Volví del entierro de mi esposo y mi nuera me arrojó al cuarto del perro creyendo que yo era una viuda sin nada, sin imaginar que guardaba diecisiete millones, una mansión en Cancún y la verdad capaz de destruir su mentira

hasta dónde estaba dispuesta a llegar aquella mujer… ni hasta dónde estaba dispuesto a hundirse mi hijo por su silencio.

—Mamá… —murmuró Marcos, por fin, sin levantar la vista—. Será por poco tiempo, en lo que todos nos acomodamos.

Patricia dio una risita.

—¿Por poco tiempo? Ay, amor, no la confundas. Lourdes se va a instalar en el cuarto de servicio. Está junto al garaje. Le pondremos una camita. Bueno… si Lucky no la necesita.

Lucky era el labrador de la familia.

Sentí que me ardía la cara. No por