a Fernando cuando lo leyó: cada año, para mantener ciertos beneficios, debían escribirme una carta contando qué habían aprendido sobre dignidad, honestidad y responsabilidad.
—Eso vale más que cualquier MBA —me dijo el abogado.
También dejé un fondo para terapia familiar y estudios. El dinero no cura almas, pero sí puede quitar piedras del camino mientras la gente hace el trabajo difícil.
El día que me fui al aeropuerto, Emma me regaló una pulsera de cuentas azules. Dylan me entregó una carta con dibujos de mar y un velero torcido.