que Ricardo me había dicho que estaba corto de dinero.
Las ocasiones en que yo pagué nuestras vacaciones, reparaciones del automóvil y hasta algunas de sus deudas personales.
Él siempre tenía una explicación convincente.
Un bono retrasado.
Un cliente que no había pagado.
Un gasto inesperado.
Mientras tanto, mi dinero sostenía nuestro estilo de vida y parte de los recursos de la cuenta común terminaban en manos de su familia.
Pero había algo todavía más preocupante.
El proveedor relacionado con la supuesta compra de Diego había emitido facturas por servicios