llorando.
—¡Necesito hablar con mi nuera! ¡Mi hijo está sufriendo por culpa de ella!
Algunos compañeros se acercaron, sorprendidos.
Sentí vergüenza.
No porque hubiera hecho algo malo, sino porque mi vida privada se estaba convirtiendo en un espectáculo.
Salí acompañada por un integrante de seguridad.
—Señora Teresa, este no es lugar para discutir asuntos familiares.
Ella comenzó a gritar.
—¡Te crees superior porque tienes dinero! ¡Mi hijo te dio los mejores años de su vida!
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La miré con tristeza.
—Su hijo intentó retirar diez millones de pesos que no