el empleo, comenzó a buscarme otra vez.
Una tarde lo encontré esperando afuera del edificio.
Llevaba la misma camisa que había usado durante nuestra primera cita.
Tenía ojeras y parecía no haber dormido.
—Mariana, por favor. Necesito hablar contigo.
Me detuve a una distancia prudente.
—Puedes comunicarte a través de nuestros abogados.
—No quiero hablar con abogados. Quiero hablar con mi esposa.
Aquella palabra me dolió.
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Esposa.
Durante dos años había significado desayunos juntos, conversaciones antes de dormir y sueños de formar una familia.
Ahora me sonaba como una