las sospechas iniciales estaban relacionadas entre sí.
Lo que sí sabía era que Ricardo había construido buena parte de su imagen de éxito sobre una vida que yo estaba pagando.
Cuando perdió el empleo, comenzó a buscarme otra vez.
Una tarde lo encontré esperando afuera del edificio.
Llevaba la misma camisa que había usado durante nuestra primera cita.
Tenía ojeras y parecía no haber dormido.
—Mariana, por favor. Necesito hablar contigo.
Me detuve a una distancia prudente.
—Puedes comunicarte a través de nuestros abogados.
—No quiero hablar con abogados. Quiero