Camila corrió hacia él.
Yo permanecí junto a la puerta.
Alejandro se acercó.
—Pensé que habías dicho que no podías seguir conmigo.
—Eso dije.
—¿Y sigues pensando lo mismo?
Miré a Beatriz.
Después a Camila.
Finalmente a él.
—Creo que estaba asustada.
—Yo también.
—No pareces asustado.
—Soy desarrollador inmobiliario. Nos enseñan a ocultarlo detrás de planos y corbatas.
Me reí por primera vez en días.
Alejandro extendió la mano.
No me jaló.
No decidió por mí.
Esperó.
Exactamente como aquella primera vez frente a los zapatos rojos.
Tomé su