Antes de partir, mi pequeña me dio una pista: “No confíes en nadie, papá, abre el muñeco”. Días después cumplí su deseo y hallé un dispositivo que exponía un pacto: mi familia saboteó su salud para robar tres millones y medio en donaciones. Guardé el aparato, fui a su casa y puse la grabación sobre la mesa. El secreto salió a la luz.

Conmigo están la tía Carmen y el tío Héctor. Creen que estoy dormida, pero los estoy escuchando”.

Mi corazón empezó a latir tan fuerte que sentía que me iba a reventar el pecho. El segundo audio era de unos días después. La voz de Sofi se escuchaba más apresurada, con pausas largas, como si estuviera pegando la oreja a la puerta de su habitación en el hospital. “Están susurrando otra vez en el pasillo… El tío Héctor dice que si mi papá se entera de todo, se les acaba el