PARTE 1
—Si yo fuera usted, no le contaría a nadie que acaba de heredar una casa frente al mar —advirtió el notario mientras cerraba la carpeta—. Cuando aparece una propiedad valiosa, también aparecen personas que juran amarte de toda la vida.
Daniela Herrera soltó una pequeña risa.
—No tengo de qué preocuparme. Soy huérfana. No tengo familia.
El notario la miró durante unos segundos.
—A veces los desconocidos pueden ser peores que los parientes.
Daniela salió de aquella notaría de Guadalajara con las llaves de una casa en Progreso,