PARTE 2: El día en que la mujer más temida de la prisión perdió el control

lloró.

Tampoco bajó la cabeza.

Simplemente dejó la fregona apoyada contra el suelo.

—¿Qué pasa? —se burló Vanessa—. ¿Se te olvidó cómo trabajar?

Emma respiró profundamente.

—No. Solo estoy esperando que termines de hablar.

La sonrisa de Vanessa desapareció por un instante.

Nadie había respondido así a aquella mujer desde hacía mucho tiempo.

—¿Qué has dicho?

—Que ya te he escuchado.

Una de las amigas de Vanessa se levantó inmediatamente.

—¡Será mejor que aprendas con quién estás hablando!

Emma ni siquiera la miró.

Sus ojos seguían fijos en Vanessa.

—Sé