de una cadena de colegios privados y era reconocida como una de las jóvenes empresarias más destacadas de México.
Su fortυпa se coпtaba eп miles de millones de pesos.
El día que llevaron a su padre a vivir con ellos a una gran mansión en las afueras de la Ciudad de México, Rafael siguió levantándose temprano, preparando café y limpiando las sillas como cuando vivía en Veracruz.
La antigua casa del pueblo permaneció intacta. No la vendieron. No la remodelaron. Era un recuerdo sagrado que nadie se atrevía a tocar.