Hoy, cerca de las 11 de la mañana, Clara regresó a casa después de un viaje de trabajo de 4 meses.

de tocar aquello, su esposo abrió los ojos desde la cama y susurró:
“Clara, no abras el armario”.
La frase salió tan baja que al principio pensó que la había imaginado. Pero la otra mujer se incorporó de golpe, sujetando la sábana contra el pecho, y su cara perdió todo color al mirar hacia la puerta pequeña junto a la pared.
Clara no gritó. No todavía. Miró a su esposo como si acabara de descubrir a un desconocido usando su cara, su cama y su casa.
Luego miró el armario.