Clara la reconoció antes de leerla completa, porque conocía la letra temblorosa de su hijo mejor que su propia firma.
La otra mujer se tapó la boca con ambas manos.
“Él me dijo que el niño estaba con su abuela”, murmuró.
Después empezó a llorar, pero de una forma seca, rota, como quien acaba de entender que no era amante de un hombre libre, sino cómplice de algo que nunca le contaron.
Clara recogió la hoja.
La abrió despacio.
Y cuando leyó la primera línea, dejó de mirar a su
Hoy, cerca de las 11 de la mañana, Clara regresó a casa después de un viaje de trabajo de 4 meses.