Hoy, cerca de las 11 de la mañana, Clara regresó a casa después de un viaje de trabajo de 4 meses.

que su hijo siempre pedía, la verdura que su esposo apartaba del plato, las cosas tontas que sostienen una casa cuando nadie las mira.
Pero el edificio estaba demasiado quieto.
Al subir las escaleras, Clara escuchó el roce de sus zapatos contra los peldaños y el plástico crujiendo contra su mano. Detrás de la puerta no había música, ni televisión, ni la risa de su hijo, esa risa que durante 4 meses había intentado reconstruir por las noches desde habitaciones de hotel demasiado frías.
Tocó una vez. Luego otra, más