contó sobre mí había un motivo mucho más oscuro.
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Mi dinero.
La casa que compró con él.
Y posiblemente un plan para deshacerse del niño que algún día podría reclamarlo.
A la mañana siguiente fui a casa de mi tía Inés.
Cuando le conté lo que había descubierto, se quedó sentada frente a su taza de café, mirando un punto fijo de la pared.
—Yo sabía que Ernesto era ambicioso —murmuró—. Pero nunca imaginé que llegaría tan lejos.
—¿Por qué nunca me hablaste del dinero de mis abuelos?
Sus