Tenía 13 años cuando mi padre arrojó mi maleta al suelo, le prendió fuego y me dijo: “Desde hoy no tienes familia”. Mi tía me recogió aquella noche y nunca volví a verlo. Pero 18 años después llegó una carta que revelaba un secreto sobre mi herencia. Guardé silencio y llamé a una abogada, sin imaginar lo que descubriríamos sobre la boda de mi hermana…

buscamos asesoría legal.

La licenciada Paulina Méndez nos recibió en su despacho de Morelia. Era una mujer de unos cuarenta años, seria y acostumbrada a resolver conflictos familiares relacionados con propiedades y herencias.

Escuchó nuestra historia sin interrumpir.

Después revisó la escritura del terreno, los comprobantes bancarios y el contrato donde aparecía mi supuesta firma.

—Samuel, aquí tenemos tres problemas distintos —explicó—. La construcción no autorizada, los indicios de que alguien firmó en tu nombre y el posible uso indebido del patrimonio que te correspondía cuando eras menor.

—Quiero denunciarlo