Tenía 13 años cuando mi padre arrojó mi maleta al suelo, le prendió fuego y me dijo: “Desde hoy no tienes familia”. Mi tía me recogió aquella noche y nunca volví a verlo. Pero 18 años después llegó una carta que revelaba un secreto sobre mi herencia. Guardé silencio y llamé a una abogada, sin imaginar lo que descubriríamos sobre la boda de mi hermana…

todo.

—Vamos a estudiar qué acciones proceden. Han pasado dieciocho años y no puedo prometerte que recuperaremos cada peso. Pero respecto al terreno, tu escritura y el registro de propiedad nos permiten actuar inmediatamente.

Por primera vez sentí que no estaba enfrentándome a Ernesto como un hijo asustado.

Estaba defendiendo mis derechos como cualquier adulto.

Paulina envió un requerimiento formal para exigir que se suspendieran los trabajos en la propiedad. También inició las gestiones necesarias ante las autoridades municipales para verificar los permisos de construcción.

Mientras tanto, Valeria me enviaba