quedó inmóvil.
—Samuel… No sabía que vendrías.
—Es mi propiedad. No necesito avisarte.
Miró a Paulina y después bajó la vista.
—Tu papá dijo que todo estaba arreglado.
—También dijo que yo había escapado de casa cuando tenía trece años.
Su rostro perdió el color.
—No quiero problemas contigo.
—Entonces dime la verdad. ¿Qué firmaste aquel día?
Joaquín miró alrededor para comprobar que nadie escuchaba.
—Tu padre me pidió que preparara unos documentos para justificar ciertos movimientos de dinero.
—¿Gastos de mi educación?
Asintió.
—Había facturas, recibos y una relación