proteger algo que legalmente me pertenecía.
Le respondí una sola frase:
«La felicidad de Valeria no depende de que ustedes puedan quedarse con lo ajeno».
Después bloqueé su número.
Dos días más tarde fui al terreno acompañado de Paulina.
Sentí un dolor extraño cuando reconocí el viejo árbol bajo el cual mi mamá solía sentarse conmigo.
Donde antes había pasto, ahora había cemento.
Varias camionetas estaban estacionadas cerca de la entrada.
Los trabajadores levantaban columnas de madera mientras un supervisor daba órdenes.
Era mi tío Joaquín.
Cuando me vio, se