y caminó hacia mí con el rostro rojo.
—¡Mira lo que provocaste!
No retrocedí.
—Yo no te pedí que construyeras en mi terreno.
—¡Soy tu padre!
—Eso no te convierte en propietario.
Por un momento levantó la mano como si quisiera señalarme o intimidarme, igual que cuando yo era niño.
Pero Paulina se colocó a mi lado.
—Señor Ernesto, cualquier comunicación sobre este asunto puede hacerla mediante su representante legal.
Mi padre miró a los trabajadores.
Nadie intervino para defenderlo.
Por primera vez, sus gritos no consiguieron que todos hicieran