Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

PARTE 1

—¡Te prohíbo tocar ese cuadro! ¡Ni siquiera para quitarle el polvo! Y si algún día lo encuentro movido, vamos a tener un problema muy serio.

Mi esposo, Arturo, me dijo aquellas palabras mientras colgaba un enorme paisaje del mar sobre la cómoda de nuestra recámara. Llevábamos once años casados y jamás lo había visto tan alterado por algo tan insignificante.

—¿Desde cuándo te importa tanto una pintura? —pregunté.

—Es antigua, Lucía. Vale mucho dinero y no quiero que la dañes.

Lo más extraño era que había quitado nuestra