Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

con sus antiguos conocidos. Para alguien que intentaba esconderse, era una oportunidad perfecta.

Me quedé mirando aquella fotografía.

Recordé nuestro primer encuentro, once años atrás.

Yo estaba saliendo de una papelería cuando Arturo me ayudó a recoger unas partituras que se habían caído de mi bolsa. Me invitó a tomar café. Fue amable, paciente y respetuoso.

Pensé que la vida me estaba regalando una segunda oportunidad después de haber perdido a mi primer esposo.

Ahora sabía que aquel encuentro había sido preparado.

—¿Entonces se casó conmigo por mi departamento?

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